Personalidades destacas en Cortegana 

  • Dña. Agustina Gómez: fue una insigne de bordadora de Cortegana que llegó al máximo apogeo de su actividad en los años centrales del siglo XX. Su taller de bordado en oro en nuestro pueblo adquirió rápidamente una fama y un prestigio extraordinario dado la alta calidad de las piezas que de él salían. Multitud de hermandades de la provincia de Huelva y de Sevilla efectuaron sus encargos de importantes piezas al taller de Agustina, en el cual se hallaban empleadas un número muy significativo de mujeres. 

Las hermandades de Cortegana aumentaron en eso años de forma notable su patrimonio de bordados en oro. En este sentido cabe destacar, la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad, Patrona de Cortegana, para quien confeccionó un excelente manto salida y algunas sayas. También cabe destacar por la excelencia de su calidad en los bordados, los mantos procesionales de Nuestra Señora del Rosario y de la Santísima Virgen del Valle. Además, para vestir las imágenes de Cristo en nuestro pueblo, Agustina bordó dos piezas espectaculares, las túnicas de Nuestro Padre Jesús Nazareno y del Cristo de la Oración en el Huerto. 

Agustina Gómez, en reconocimiento a su brillante trabajo y la fama adquirida por su taller, recibió por parte del Estado Español la medalla nacional al mérito en el trabajo, convirtiéndose de este modo en uno de los personajes más ilustres de Cortegana en el siglo XX. 

  • D. Amadeo Romero Tauler: gran humanista, demócrata y liberal, licenciado en Geografía e Historia y en Filosofía y Letras, tomó posesión del cargo de director del Colegio Libre Adoptado San José de Cortegana. 

Instalado de nuevo en su pueblo, reflexiona acerca de la importancia que tendría para la localidad en particular, y la comarca en general, la restauración y puesta en valor del Castillo-Fortaleza, edificio que por aquellos entonces se encontraba en un estado ruinoso y de abandono. 
Aprovechando su amistad con D. Florentino Pérez Embid, Director General de Bellas Artes, comienza a gestionar la solicitud de una subvención que permita la restauración del edificio. Finalmente, el proceso restaurador se llevó a cabo en varias fases, una primera a cargo de D. Rafael Manzano en el año 1969, la segunda en 1972 por D. Alfonso Jiménez, una tercera a cargo de D. Eduardo Barceló en 1976, y la cuarta, y última, nuevamente por D. Alfonso Jiménez en 1979. 

Apoyado en un grupo de alumnos/as y compañeros/as, crea la Asociación de Amigos del Castillo con la finalidad de preservar, mantener, divulgar y conservar tanto el edificio como el patrimonio cultural y medioambiental de Cortegana. Una vez fundada la Asociación, hace ya más de treinta años, se comienzan a solicitar a todos los vecinos enseres y mobiliarios para la constitución de un pequeño museo. El mismo D. Amadeo dona multitud de objetos, así como una más que interesante colección de monedas. Asimismo, en 1975 compra uno de los olivares limítrofes para también donarlo a la Asociación. 

Asimismo, alcanzó lisonja en el mundo de las letras al ser nombrado miembro de la Academia Sevillana de Buenas Letras. 

  • D. Pedro Romero de Terreros, I conde de Regla (Cortegana, España, 10 de junio de 1710 - Huasca, virreinato de Nueva España, 1781), fue un noble y hombre de negocios español afincado en el México colonial que se dedicó a la explotación de minas y de haciendas, así como a actividades filantrópicas y de patrocinio. Se cree que fue uno de los hombres más ricos de su tiempo. 

Nació el 10 de junio de 1710 en la localidad andaluza de Cortegana. Pertenecía a una familia de hidalgos rurales, siendo el quinto hijo del matrimonio formado por José Romero y Ana de Terreros. Desde temprana edad manifestó capacidades intelectuales excepcionales, y como no podría beneficiarse del mayorazgo familiar, sus padres consideraron que realizara estudios eclesiásticos. A la edad de veintidós años embarcó para la Nueva España reclamado por su tío Juan Vázquez de Terreros, prominente ciudadano de Santiago de Querétaro. Pedro asumió el control de los negocios de su tío, que iban en decadencia, y los volvió beneficiosos de forma muy rápida. 

Después de la muerte de Juan Vázquez de Terreros en 1735 asumió en su lugar varios cargos municipales, llegando a ser en el año de 1742 alcalde, alférez real y alguacil mayor de la ciudad de Querétaro. Estos cargos le ayudaron a enriquecer sus conocimientos y así se enteró de que en el poblado de Real del Monte existían grandes vetas de plata, oro y otros minerales. Como era una persona con ambiciones, no tardó en llegar a esta localidad, donde se asoció en 1743 con José Alejandro Bustamante y Bustillo, quien había conseguido desde 1739 el permiso de parte del conde de Revillagigedo, por entonces Virrey de la Nueva España, para realizar trabajos de explotación en la veta llamada La Vizcaína. Romero de Terreros era el socio que aportaba el capital, lo que, con el tiempo y a la muerte accidental de Bustamante en 1750, le permitió reclamar y tomar posesión permanente como propietario único de la veta y así poder acumular una enorme fortuna. Esta veta fue la única que se explotó durante los últimos sesenta años del siglo XVIII, y era tan rica que, en 1746, se registraron 900 familias de trabajadores asignados a este yacimiento. 

Entre 1745 y 1781, año de su fallecimiento, Romero de Terreros se hizo notar como benefactor de varios centros religiosos, en particular a conventos y colegios franciscanos donde se instruía a misioneros. Otorgó 41.933 pesos al colegio de San Fernando de México, 91.023 pesos al colegio de la Santa Cruz de Querétaro y otros 100.000 pesos al convento y colegio de San Francisco de Pachuca. 

En 1756 se casó en la Ciudad de México con doña María Antonia de Trebustos y Dávalos, de veintidós años de edad, hija de una de las familias más distinguidas de la Nueva España. 

Debido a sus ideas y propuestas para promover grandes acciones de índole religiosa, cultural y de beneficencia, se le otorgó en diciembre de 1768 por parte del rey Carlos III el título nobiliario de conde. Él mismo escogió el título de Conde de Santa María de Regla por la devoción que profesaba a esta advocación mariana, especialmente venerada en el convento agustino de Chipiona y cuya devoción se extendió por diversos lugares de la América española. En honor de la Virgen de Regla también había titulado su principal hacienda como San Miguel Regla. 

Con el paso del tiempo Pedro Romero de Terreros se hacía más poderoso pero también surgían problemas entre los mineros que trabajaban en sus minas. Romero de Terreros decidió quitarles el tequio, parte del mineral que extraían y que tradicionalmente se les permitía conservar. Debido a estos sucesos, en 1766 estalló una revuelta de mineros, la cual fue considerada como la más importante en el México colonial. Esta huelga causó grandes problemas para Romero de Terreros, ya que afectó su gran reputación ganada durante años, además de pérdidas ocasionadas por la suspensión en la explotación de los minerales. Con este panorama ante sí, Romero de Terreros optó por dejar las minas sin producir antes que ceder y retirarse a sus haciendas de San Miguel Regla y de Santa María Regla, en el actual estado de Hidalgo. También fue dueño desde 1767 de las haciendas de Santa Lucía Molino y La Gavia, en el actual estado de México; San Javier, en Hidalgo; Xalpa, Portales y el Rosario, en el Distrito Federal y Ajuchitlán en el actual municipio de Colón, Querétaro. 

En su afán por quedar bien ante el rey Carlos III, regaló a la Armada un buque de guerra con 80 cañones (bautizado como Conde de Regla) y otro barco que tenía las alcobas cubiertas de piedras preciosas. Llegó a tener la idea de pavimentar con plata la calzada que uniría la ciudad de Pachuca con el puerto de Veracruz, para cuando el Rey hiciera una visita a la Nueva España. Pero ésta idea nunca se materializó y el rey nunca visitó las colonias americanas. 

El 25 de febrero de 1775, Romero de Terreros fundó el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, antecedente del Nacional Monte de Piedad, que contribuyó a la solución de problemas económicos de muchos habitantes de la Nueva España. Las grandes vetas del Real del Monte convirtieron a Pedro Romero de Terreros en multimillonario, el hombre más rico de América, y tal vez del mundo, a mediados del siglo XVIII. 

Murió en el año de 1781 en su hacienda de San Miguel Regla, en la localidad de Huasca. Cómo dispuso en su testamento, sus restos fueron trasladados a Pachuca, donde fue enterrado en el altar mayor de la iglesia del convento colegio de San Francisco, del cual había sido benefactor. 

  • D. Fray Alonso Giraldo de Terreros: nacido en Cortegana el 16 de junio de 1699 puede considerarse un auténtico corteganés ilustre, dada  la fama ganada a lo largo de su vida en territorio indiano. Fray Alonso Giraldo de Terreros había emigrado muy niño con sus padres a Querétaro (México) Muy pronto, dadas sus enormes convicciones espirituales mostró un enorme entusiasmo por la vocación religiosa, ingresando como fraile en la Orden Franciscana en 1721. Su vocación le llevaría a predicar el Evangelio a los indios en el norte de México, en la que sería una encomiable labor misionera que se prolongaría unos treinta años, destacando su labor al frente de la Misión del Río San Sabá. El proyecto de la Misión del Río San Sabá, también conocido como Misión para los Apaches de Texas, fue aprobado por Real Cédula del Rey Fernando VI el 10 de Septiembre de 1756, estableciéndose un campamento en las cercanías del Río San Sabá el día 17 de Abril de 1757, llevando por nombre San Luís de las Amarillas. Tratando en de consolidar la frontera norte del Virreinato de Nueva España,  dicho proyecto tuvo como principal precursor a Pedro Romero de Terreros, I Conde de Regla, que sería quien situaría a su propio primo, Fray Alonso Giraldo al frente de la misma. 

Por un breve espacio de tiempo Fray Alonso Giraldo de Terreros dejaría esa labor evangelizadora para desempeñar el cargo de guardián del Convento de Querétaro. Sin embargo volvió a sus tareas misioneras y esta segunda etapa le conduciría a un fatídico desenlace, pues tras celebrar la misa en  San Sabá, el 17 de Marzo de 1758, fue martirizado y asesinado por los Indios Comanches. 

En la década de los cuarenta del pasado siglo XX, estuvo a un paso de ser beatificado, gracias al acuerdo alcanzado por todos los obispos de las distintas diócesis de los Estados Unidos de América. 

  • D. Diego López: Nació en la localidad onubense cuyo nombre ostenta como apellido, Cortegana. Es muy probable, aunque adolecemos de testimonio documental sobre su nacimiento, que naciera en 1455, si tenemos en cuenta que sí conocemos con exactitud la fecha y edad a la que murió: el 1 de Octubre de 1524.  Su niñez la pasó en Cortegana, pareciendo poseer un origen hidalgo. Ese hecho junto a su procedencia se expresaba en el escudo que perteneció a Diego López de Cortegana. Ese escudo apareció en la obra “El Itinerario del venerable varón micer Luís patricio romano” traducido en 1520 por Cristóbal de Arcos. En él se puede observar un castillo, que reproduce la fortaleza de la localidad de Cortegana, coronado por un sol y apoyado sobre unas escaleras. Tenemos la duda de si este escudo lo creó Diego López de Cortegana y posteriormente lo adoptó su localidad o por el contrario, ya lo tenía ésta con anterioridad, pues lo cierto es que de una u otra forma, el escudo de la villa de Cortegana, actualmente, es fiel reflejo del que poseyera  Diego López de Cortegana. Diego López de Cortegana, debió instalarse en Sevilla a comienzos de la década de los ochenta del siglo XV, llegando con el tiempo a desarrollar una brillante carrera eclesiástica: Canónigo y Arcediano de la Santa Iglesia Catedral, Fiscal y Secretario de la Santa Inquisición y Capellán de la Reina. Podemos hablar de Diego López de Cortegana como un “traductor inquisidor” o “inquisidor humanista”. Entre su variada y extensa  gama de traducciones, destaca la obra con la que a la larga pasaría su nombre a la posteridad de las letras humanísticas castellanas: el “Asno de oro” de Apuleyo. 

Las afinidades intelectuales de Diego López de Cortegana y su innovadora manera de leer y traducir los textos clásicos lo convierten en arquetipo evidente del Humanismo Cristiano en España. Asimismo, sus traducciones hacen de él uno de los primeros difusores del Erasmismo en España y  en incuestionable ejemplo del Humanismo vernáculo. Diego López de Cortegana, se trata sin lugar a dudas de uno de nuestros paisanos más insignes y selectos, considerado hoy día por algunas prestigiosas universidades internacionales como el precedente de la novela picaresca en España que se desarrollaría posteriormente con obras de relumbrón en la literatura universal como el Lazarillo de Tormes o El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, lo que hace presuponer a Diego López de Cortegana como uno de los grandes humanistas del S. XVI en España. 

  • D. Juan Vázquez de Terreros: natural de Cortegana, emigró hacia las Indias a comienzos del siglo XVIII, instalándose en Santiago de Querétaro en torno a 1708, donde se convirtió en un notable minero. Persona de una caridad y piedad colosal, era miembro de doce cofradías religiosas y hermano lego de la Compañía de Jesús. Padre de cuatro hijas y un hijo varón, debido a que éste último  no contaba con edad suficiente para trabajar en los momentos en los que sus negocios estaban en decadencia, se vio obligado a pedir auxilio a sus familiares de Cortegana, dada la necesidad de contar con alguien a quien confiar la ayuda en la gestión de aquellos oficios. De este modo, Juan Vázquez de Terreros llevará para América a tres de sus sobrinos, Francisco Romero de Terreros, Pedro Romero de Terreros y  Alonso Giraldo de Terreros. La muerte del primero y la dedicación a la vida religiosa del último, permitió a Pedro Romero de Terreros encargarse de los negocios de su tío.  A Juan Vázquez de Terreros se le deben el legado de dos imponentes legados de plata indiana para su localidad. El primero en 1730 con la ayuda de su sobrino Pedro Romero de Terreros, que embarcaría dicho legado desde el puerto de Veracruz con destino a la Parroquia de Nuestro Señor San Salvador y a la Ermita de Nuestra Señora de la Piedad, a donde llegaría el 22 de octubre de 1731. Para el año 1733,  Juan Vázquez de Terreros, decide remitir para Cortegana, otra notable remesa de objetos de plata, esencialmente objetos y ajuares litúrgicos de plata. Esta ingente donación, se trata con total certeza, de uno de los legados de plata indiana más importantes de los que hay noticia documentada durante el periodo colonial español. Tanto a Juan Vázquez de Terreros, como a Pedro Romero de Terreros, en menor medida, se deben gran parte del magnífico Tesoro Parroquial que alberga la Parroquia del Divino Salvador de Cortegana. Son tan numerosos y de tanta calidad los ornamentos sagrados de plata que enviaron para esta localidad esos emigrantes corteganeses a Indias, que el Tesoro Parroquial de Cortegana, está considerado por la Diócesis de Huelva, actualmente, como uno de los más importantes de toda la provincia.
  • D. Pedro Barbaboza Parreño: Contador Mayor del Tribunal de Cuentas del Virreinato de la Nueva España y fundador de una de las familias mexicanas de mayor abolengo hoy día. Nacido en Cortegana el 13 de Noviembre de 1673, Pedro Barba Boza Parreño se trata, sin lugar a dudas, del primer corteganés emigrado a Indias, que alcanzaría notoria significación. A partir de su llegada a Nueva España,  Pedro Barba Boza Parreño unifica sus apellidos, dando lugar a “Barbaboza” al que podemos considerar un apellido total y genuinamente mexicano. Vivió en Cortegana hasta los 31 años, saliendo de allí para iniciar estudios superiores en Salamanca o Sevilla, según la costumbre de la época, emprendiendo la aventura americana a comienzos del siglo XVIII, llegando a México en 1706 por invitación de su tío Bartolomé de Terreros y Ochoa. A su llegada montó una sociedad consistente en el establecimiento de una tienda de mercancías de la tierra y de importación para España y Filipinas. La tienda estaba espléndidamente situada en el portal de Mercaderes de ciudad de México, en la archiconocida zona del Zócalo, en la denominada hoy día Plaza de la Constitución El capital económico y material que logró amasar Pedro Barbaboza Parreño hizo que pudiera relacionarse con altas esferas civiles y religiosas. Cuatro años después de su llegada a México, ya en el año 1710, recibió el Título de Contador Mayor del Real Tributo y la Audiencia de Cuentas de Nueva España, nombrado por el monarca español Felipe V de Anjou en atención a su méritos y calidad. Su influencia y sus magníficas relaciones sociales harían de él una persona verdaderamente importante, que se vería rodeada, en todo momento, de funcionarios de alto nivel de la Corte Virreinal, oficiales y militares de alto grado, finas y distinguidas damas herederas de aristocráticos y ricos mayorazgos y en definitiva de gentes que iban a brillar con luz propia en la sociedad colonial del momento desde un punto de vida económico y social. Pedro Barbaboza y Parreño viviría rodeado de un ambiente cristiano y de buenas costumbres, al amparo de un poder personal cada vez más en auge que le llevaría a lograr para su familia el esplendor y la fama que todavía secundan hoy día al apellido Barbabosa. Los  descendientes de Pedro Barbaboza Parreño, desde a finales del         S. XIX y comienzos del S. XX se convirtieron en famosos ganaderos de reses bravas, siendo sus ganaderías, afamadas y reconocidas internacionalmente, destacando las de Santín (1837) y la San Diego de los Padres (1863), dos de las tres ganaderías de toros de lidia más antiguas de México.